Alcance cerrado
Cada desarrollo tiene un criterio de aceptación definido antes de empezar y una fecha en la que se comprueba. Sin alcance abierto ni facturación indefinida.
Tres vías, secuenciales por diseño. Cada una responde una pregunta distinta y ninguna tiene sentido antes de haber respondido la anterior.
Un programa que se ejecuta dentro de la empresa, con su equipo directivo al completo y sobre sus propios casos. No es formación con ejercicios de ejemplo: el material es el trabajo real.
La formación disponible es enlatada: el mismo contenido para un fabricante de componentes, una aseguradora y una agencia. Enseña herramientas. El problema de un comité de dirección no es qué herramienta usar, sino qué decisiones de su negocio cambian ahora que esa herramienta existe.
Cuando la dirección ya sabe evaluar, la pregunta cambia: deja de ser qué es posible y pasa a ser por dónde empezar. La mayoría de los proyectos de IA fracasan por elegir mal el problema, no por ejecutarlo mal.
Sesiones estructuradas con los responsables reales de cada proceso, no solo con la dirección. Se registra cómo funciona el proceso de verdad, incluidas las excepciones que nadie documenta.
Cada dolor se convierte en una o varias iniciativas candidatas, descritas con detalle suficiente para estimarlas. El catálogo resultante es transversal: incluye lo que ninguna área pidió porque afecta a varias.
Cada iniciativa se puntúa contra criterios explícitos —impacto económico, urgencia, viabilidad técnica, dependencia de datos, resistencia organizativa— y se sitúa en una matriz de impacto y prioridad. La puntuación es discutible; la arbitrariedad, no.
Cada proyecto priorizado se planifica tres veces: una versión mínima que resuelve casi todo al menor coste, una estándar y una ambiciosa que asume el problema completo. La dirección elige con las tres delante.
El orden lo marcan las dependencias y no la puntuación sola: hay proyectos que no pueden empezar hasta que otro haya ordenado una fuente de datos. La hoja de ruta las hace explícitas.
Los proyectos que prioriza el diagnóstico se construyen. Cada uno se diseña sobre el proceso real de la empresa, con sus excepciones y su normativa, no sobre una plantilla de sector. Aquí entran los laboratorios: un desarrollo entra por el lab que gobierna su dominio y le devuelve evidencia.
Cada desarrollo tiene un criterio de aceptación definido antes de empezar y una fecha en la que se comprueba. Sin alcance abierto ni facturación indefinida.
El código, los datos y el conocimiento generado son de la empresa, entregados con documentación suficiente para que otro equipo los mantenga.
Qué indicador debe moverse y cómo se va a medir se acuerda antes de escribir la primera línea. Si no se puede medir, no se construye.